sábado, 21 de junio de 2014

Volver a empezar

¿Cómo se retoma el hilo de toda una vida?

¿Cómo seguir adelante cuando en tu corazón empiezas a entender que no hay regreso posible, que hay cosas que el tiempo no puede enmendar, aquellas que hieren muy dentro, que dejan cicatriz?

martes, 18 de marzo de 2014

Blanco o negro

Ya lo decía Aristóteles: la virtud es el término medio; ni llegar pronto, ni llegar tarde; ni comer mucho, ni comer poco.

Una virtud es un hábito entitativo bueno, reside en el ente, en el ser, en cada uno, por eso mismo es un modo de ser. Es una capacidad que se adquiere al obrar bien de manera continuada.

Por tanto, lo correcto es el término medio, ni blanco ni negro. Quizá el truco está en saber comprender que no todo es blanco o negro, más bien todo lo contrario: la mayoría de los colores sin grises pues hay muchos tonos de ellos mientras que blanco y negro sólo hay uno... o quizá no, porque nada es blanco o negro.

domingo, 1 de diciembre de 2013

"Nunca es tarde si la dicha es buena"

¿Qué pasaría si mañana al despertar vieses cómo se te ofrece la posibilidad de volver a empezar de cero?

¿Apostarías por ello o decidirías no arriesgar y seguir con tu vida?

¿Qué pasaría si te otorgasen la oportunidad de comenzar de nuevo en otro lugar, si te ofreciesen otra vida?


Hay veces que la mejor solución es desaparecer un tiempo, hay veces que la mejor solución es simplemente desaparecer, hay veces que la mejor solución es pensar en los errores e intentar luchar por no volver a cometerlos, hay veces que la mejor solución es olvidar, hay veces que la mejor solución es perdonar, y hay veces que solo hay una opción; dejarlo todo atrás, sea como que sea, y seguir con tu vida.


Si la respuesta a las preguntas es: "ojalá se me brindase esa opción, ojalá pudiera salir de esta cárcel que algunos llaman vida para probar suerte en otro lugar, con otras personas."
Si esa es tu respuesta. probablemente signifique que algo no has hecho del todo bien, que si pudieses volver al pasado cambiarías las cosas, pero, ¿sabes qué? Que esa es la magia de la vida, que cada nuevo día es una nueva oportunidad para volver a empezar. Quizá no en otro sitio, quizá no con otras personas a tu alrededor... quizá tu destino sea demostrarle a todo tu mundo que el pasado es eso, pasado, y que por muchas cosas malas que hayas hecho, si quieres, puedes.

Verdadero asco de vida

Existen dos clases de personas en este mundo, y así lo manifiesta Mel Gibson en la película Señales:

Están esa clase de personas que cuando se ven saturadas, por una u otra razón, tiran la toalla sin ni si quiera haberlo intentado, y está ese grupo de personas que no se rinde jamás. La teoría es sencilla, parece que solo cabe la posibilidad de que sea blanco o negro, pero no del todo cierta. Los extremos de ambos grupos son fácilmente distinguibles, los que siempre se rinden y los que siempre luchan, y en un principio todo el mundo está en uno de esos dos grupos, pero el problema viene cuando por determinadas razones uno de los que nunca se rinden empieza a flaquear, y poco a poco se va desanimando, sintiéndose solo y termina por cruzar el umbral hasta que acaba en el grupo del que siempre había renegado.

Y es triste. Es triste ver como alguien que durante mucho tiempo ha estado peleando por un puesto en el privilegiado grupo de los que nunca se rinden, pasa del todo a la nada en cuestión de horas o días. Ese puesto guarda una estrecha similitud con la confianza que una persona deposita en ti: puedes estar luchando años por ganarte esa confianza, que en cuanto cometas un fatídico error, la has perdido. Sin embargo, no todos pueden llegar a ese grupo de privilegiados, pues, valga la redundancia, es un grupo solo para privilegiados; los que están ahí es por algo, porque se lo han ganado, porque cuando han estado tentados de tirar la toalla, no lo hicieron, y siguieron luchando.

Si bien esto es así, es verdad que puede darse el caso en que una persona que se creía fuerte, vea que no lo es, y cometa el peor error que podía cometer: el de fallarse a mismo. Como ocurre en otros ámbitos, la primera fase es la de la negación, al principio no te crees lo que ha pasado, afirmas y recuerdas todo lo que has hecho bien para demostrarte a ti mismo que eso no te puede estar pasando a ti, que la culpa es de otro. Esto da paso a la segunda fase, la de la negociación, pues te planteas aceptar parte de culpa siempre y cuando no seas el único culpable. De ahí se pasa a la fase de la aceptación, en la que te das cuenta que efectivamente lo has hecho mal, lo que da lugar a la última posible fase que no tiene porqué darse en todos los casos, la depresión.

Una persona que lleva tanto tiempo combatiendo para demostrarle al mundo, pero sobre todo a sí mismo, que merece la pena esforzarse, y ve cómo en cuestión de horas se le viene el mundo abajo, se derrumba.




lunes, 11 de noviembre de 2013

Cómo cambiar el mundo

Desde pequeñitos tienden a inculcarnos la idea de que si nos esforzamos, cambiaremos el mundo. Alguno quizá descubra la cura del cáncer, otro tal vez descubra un planeta con vida, otro puede que sea nobel de física o economía, pero lo cierto es que ninguno podemos cambiar el mundo.

Hay un conocido artista chico llamado Ai Weiwei cuyas "pipas" fueron compradas por el Tate de Londres, uno de los museos más prestigiosos de la capital inglesa, en 2010. A base de porcelana y mucha paciencia, logró fabricar cien millones de pipas a tamaño real. Esa fue la parte sencilla, puesto que la difícil consistió en dotar a cada una de una manera diferente, a base de pincel. La explicación del autor es sencilla: todos los humanos parecemos iguales, pero no lo somos. Cada uno es de una manera, diferente al de al lado. No le falta razón, todos los humanos somos iguales, pero diferentes a la vez.

Sinceramente, a nadie le importa lo que sea de tu vida, por eso hay mendigos y pobres en todas partes del mundo, porque así de crueles y egoístas somos. Ya pueden atracarte en hora punta en el centro de tu cuidad que muy pocos irán a socorrerte. A nadie le importa lo que hagas con tu vida, a nadie salvo a ti mismo, que es a quien debe importarle de verdad.

No nos engañemos, es muy difícil que seas tú quien descubra la cura contra el cáncer, y vivimos en un mundo en el cual si no la descubres, no lo has cambiado, eres una pipa más.

Ante una sociedad en la que todo el mundo es igual, ser diferente es complicado. Pero visto que el mundo te trata tan bien y te quiere tanto, ¿por qué seguir sus reglas? Cambia las reglas.

Para empezar no trates de cambiar el mundo, es imposible. No cuentes los días, haz que los días cuenten. Trata de encontrar lo que de verdad te hace feliz, no seas el héroe del mundo, sé tu propio héroe y el de aquellos quienes te rodean, quizá así logres cambiar el mundo que de verdad importa, tu mundo.

domingo, 13 de octubre de 2013

La fe mueve montañas, el orgullo cordilleras (Parte 2)

Hay muchos momentos a lo largo de nuestra vida. Demasiados como para meterlos a todos en una sola categoría. Por consiguiente, cabe la posibilidad de distinguir a los momentos en dos grandes bloques, los buenos y los malos momentos.

Se trata de una sencilla división, en la que nadie se queja de la primera porque, si todo va bien, ¿de qué quejarse?
Por lo general, los que se quejan de las buenas situaciones son los que persiguen ese afán de perfección, porque saben que no siempre tiene porqué ir bien. Ellos son los precavidos, los que se preocupan mucho por las cosas. Lo malo que tiene ser así es que suelen llevar razón: "Todo se termina acabando."

Cuando se está borracho, caliente o colocado, no se piensa más allá del momento y la felicidad extrema de él. Es el famoso "Carpe Diem", en su peor sentido. El futuro y sus consecuencias no importan porque no son "ahora", que es lo que se está viviendo, por lo que, ¿para qué preocuparse del futuro? Lo que importa es el momento, el presente.

Se podría decir que este tipo de personas que se deja llevar por el ahora, es todo lo contario a una persona precavida, porque no le importa el porvenir de las cosas.

Lo "bueno" es que un drogadicto, un salido y un alcohólico tienen cura, sus problemas son tratables. Más o menos difíciles de curar, pero tratables a fin de cuentas.

Sin embargo no son ellos los únicos que cuando dejan de ser quienes normalmente son, para convertirse en su parte más deplorable, pierden los estribos. 

No son solo los drogadictos, los perturbados y los alcohólicos los que por sus demenciales conductas encajan en la categoría de gente que actúa mal, porque hay multitud de crímenes y de criminales, pero hay uno que sobresale por encima del resto.

Dicen que el primer paso para solucionar un problema es reconocer el mismo. Es por esta razón por la cual quienes copan dicha lista, son ellos y no otros, porque tienen el mismo número, si no más, de problemas que cualquier otro, con la salvedad que es muy raro que busquen ayuda. Son los orgullosos.

Desgraciadamente tienen el mismo proceder que cualquier otro: son gente normal hasta que el orgullo corroe sus venas y poco a poco invade todo su cuerpo. Para los que hayan visto la super producción americana "Hulk", es lo mismo: Se trata de un ser normal y corriente hasta que por determinadas razones se vuelve un ser impredecible e incontrolable. Cuando Hulk se activa, es guiado por unos instintos básicos, el de supervivencia, el de la victoria... Lo mismo le pasa a una persona orgullosa.

En el momento que cada persona se convierte en Hulk, la criatura verde, deja de ser él mismo para ser quien no quiere ser. Por definición una persona orgullosa jamás reconocerá su error, y si lo hace, será por orgullo.

Cuando nos enfadamos, cuando se activa nuestro Hulk personal, nada es más importante que salir victorioso de la discusión, sin importar la forma de hallar la victoria.

Sin embargo, ¿te has preguntado alguna vez por qué quieres ganar en esos momentos? Sí, efectivamente, por orgullo. Y, ¿te has preguntado alguna vez, en frío, qué ganas siendo orgulloso? No siempre, pero lo más común es precisamente lo contrario, no solo no ganar nada, sino perder.

Sé más listo que el orgullo. Gana la batalla que verdaderamente importa, la batalla de quién es mejor persona. Admite tu error, trata de entender la postura o posturas que no comparten tu punto de vista, y cuando te des cuenta del error, por minúsuclo que sea, pide perdón, rectifica.

En primera instancia te parecerá que hay demasiado orgullo como para que quepa por la garganta, creerás que no puedes tragártelo, pero es ahí cuando debes preguntarte: ¿Qué vale más, la otra persona o mi orgullo?


Tal vez la mejor solución es la que trata de adoptar Hulk: acordarse de las cosas que realmente le importan, acordarse de lo que él es, porque si lo recuerda, tiene un motivo por el que luchar.

No es difícil, simplemente tienes que buscar tu motivo por el que luchar.

Cuando estés enfadado y te hayas dejado guiar por la soberbia, por el orgullo, cada cosa que hagas será algo que, cuando vuelvas a ser tú, te arrepentirás de haber hecho. No hagas cosas de las que luego te vayas a arrepentir.

"De los errores se aprende, pero lucha por cometer aciertos."



jueves, 19 de septiembre de 2013

Filosofía de vida: ser feliz.

Qué triste es no tener ilusión, ilusión en la vida, ilusión en uno mismo, ilusión...

Triste es levantarse por las mañanas, con legañas y ganas de seguir durmiendo, deseando que se acabe la jornada laboral para volver a casa, a descansar. Eso es no tener ilusión, eso es ser un perdedor.
Un perdedor porque tiempo hay para todo lo que se quiera hacer. Lo queramos o no, tenemos que vivir los tiempos que nos han tocado vivir.

La vida es un tren que no para, su ritmo es constante, aunque a veces no lo parezca. Tal vez en una parada se suban problemas, tal vez se suba el amor de tu vida, tal vez te obnubile el paisaje y no dejes de mirar por la ventanilla...

Siempre se ha dicho y siempre se dirá: la vida es un tren o un libro, con sus respetivas paradas o capítulos y de cada uno depende cómo aprovechar esas páginas o qué hacer en cada estación.

No obstante, nadie suele hablar con la crudeza con la que vida actúa algunas veces. Nadie habla de la posibilidad de que la tinta se acabe o el tren descarrile.

"A vivir que la vida son dos días." Muchas son las canciones que cuentan con frases como esta entre sus letras, pero en lo que nadie se para a pensar es que quizá esos músicos escribieron esa frase porque un día se levantaron con el frenético sonido del teléfono, y cuando lo cogieron, al otro lado del aparato se encontraba el encargado de comunicarle que sus padres habían fallecido en un accidente de tráfico.

Hay muchas formas de aprovehcar esos días que la vida pone a nuestra disposición, y cada uno actuará como crea conveniente, pero ¿y si la vida nos pone a cada uno a prueba para saber quién es el que mejor la aprovecha?

Un padre de familia asegurará ser feliz si pasa el mayor tiempo posible con su familia, un ´broker´ empedernido afirmará ser feliz si sus acciones tienen un golpe de suerte, un deportista hará lo propio si gana aquello a lo que lleva meses dedicándole su tiempo.

Pero la vida es mucho más que eso. La vida no consiste en ser el mejor deportista, ni el que más dinero tiene, ni el "más mejor" en nada, porque la única competición que realmente debería importar es aquella que se mantiene con el que estaba ayer frente al espejo.

Cuando se corre una maratón, por ejemplo, suele haber dos tipos de participantes: los que van a por las primeras posiciones y los que van a superarse a sí mismos. ¿Quién acaba más contento, el que gana o el que ha terminado la carrera pensando que no llegaría a la mitad? Para algunos es más importante lo primero, para otros no, pero la verdad es que no se trata de ganar o perder, se trata de ser feliz.

Felicidad... Difícil concepto.

Según Sócrates, y corroborado más tarde por su discípulo Platón, la mejor forma de llegar a la verdad y resolver las distintas dudas filosóficas es mediante la mayéutica, por tanto: ¿Qué es la felicidad?

Seguro que hay libros y libros que tratan de explicarlo, de analizar todos los puntos de vista, pero la filosofía tiene una característica de la que pocos hablan, y es que es total y completamente subjetiva: depende de cada uno. Por eso, cabe recordar una vez más, que la única competición que debes mantener es contigo mismo, para ser mejor que ayer, y ser capaz de mejorar mañana.


No se trata de ser más feliz que el vecino o de ser el más feliz, se trata de ser feliz. Aquí no se contempla la posibilidad de acabar primero la maratón, porque no es una carrera.

Hay muchas, muchas, maneras de vivir el día a día, tantas que ningún día es igual a otro, pero el primer paso para ser feliz es tener ilusión, esperanza.

Es preferible no cometer el error de depositar esa esperanza, esa ilusión, en las cosas materiales, pues son las personas, las personas que tú elijas, las encargadas de hacerte sonreir, de hacerte ilusiones, de mantener viva tu esperanza.

Sé tú mismo el cambio que quieres en tu vida, pues no hay nada imposible para aquel que de verdad se lo propone. Tampoco es recomendable ser conformista. Recordemos que la vida son dos días, este es el primero y no sabes qué pasará mañana, quizá ya no tengas otra posibilidad para superarte, así que empieza hoy.
Una vida, dos días y miles de oportunidades. No te conformes con el segundo puesto, no te quedes en ser casi feliz, tú puedes, y si persistes, lo lograrás, de ti depende. No seas un perdedor, sé feliz y disfruta, que para eso estás aquí. En el momento que empieces a tener ilusión de verdad y te sientas bien contigo mismo y con tu entorno, verás cada día como una nueva oportunidad de superarte, de ser más feliz, de ser mejor persona.

"Para que algo sea especial, solo hay que querer que sea especial." Haz que tu vida sea especial y ayuda a los que de verdad quieres y que de verdad te quieren a ser felices.